JOSÉ MANUEL MERELLO. PINTOR ESPAÑOL CONTEMPORÁNEO.
Sobre Pintores
ESCRITOS DE JOSÉ MANUEL MERELLO SOBRE PINTORES.
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Diego Velázquez El genio. Lo sublime, la cota más
alta donde se pueda llegar. Como dijo Francisco
Calvo Serraller, se podrá ir en diferentes
direcciones en arte, pero nunca tan lejos como llegó
Velázquez (o algo por el estilo). Velázquez es
infinito, sus virtudes y su arte nunca se acaban;
las miradas de sus retratados, intensas, inundadas
de siglos de melancolía española. Sus enanos y
parias con el mismo porte que el Rey, la misma
dignidad, el mismo silencio. Sus mujeres, sanas y
generosas, desbordando gracia y capricho con sus
lacitos de nácar. Los animales, caballos y perros,
extraordinarios y poderosos, de pupila sevillana y
pelaje untuoso, siempre dispuestos a la voz de su
amo. Las manos del Cristo crucificado...increíbles,
incomprensibles en su finura y clase, los dedos
largos y delicados, perfectos. Las manos del hijo de
Dios martirizadas, yertas y con más belleza, si
cabe, que los brazos yertos del Cristo de la Piedad
de Miguel Angel; las manos del Cristo son para
escribir todo un tratado de belleza y técnica, de
refinamiento y gusto italianos. Y las manos de la
reina, transparentes las falanges, plomiza la piel
real. Las manos de la Señora, pintadas de dentro a
afuera con las uñas naciendo de la carne pálida y
los huesecillos palpitando rígidos y tiernos a una
vez. Haga clic en las miniaturas
para ampliarlas (hay 30 miniaturas, utilice las
flechas laterales para desplazarse.) DIEGO VELAZQUEZ (FRAGMENTOS DE UNA PINTURA GENIAL).
Frida Kahlo Yo descubrí a Frida Kahlo en la
casa de un marchante de arte en Madrid, hace muchos
años, cuando todavía no era el mito en el que se ha
convertido hoy, al menos en España. Recuerdo cómo
asomaba de entre cuadros de Miró, Leger, El Greco,
Fortuny y un larguísimo etcétera, un extraño
retrato, una cabeza de mujer muy especial, una mujer
seria, de mirada sostenida, apasionada y quieta, muy
quieta. Aquel pequeño retrato me apartó durante un
buen rato de las otras maravillas que lo rodeaban.
Había en él una clase y una factura extraordinarios,
imposibles de esquivar; una pintura oleosa, lenta,
de pelo de marta y virola sucia. Unos detalles
insistidos donde no hacía más falta, raros, con un
regusto obsesivo. Un color maravilloso, saturado,
verde y amarillo, negro. Un arabesco y un dibujo
justo y medido, de alfiler, amazónico y chicano a un
tiempo. La composición, sin más interés, dirigía
toda la vista hacia unos ojos altivos, orgullosos de
su clase, recios. Unas cejas animales, oscuras y
espesas que se encontraban entre ellas y una boca
sensual con un sinuoso bigote reivindicativo. La
mujer de Diego Rivera, desde entonces, no ha dejado
de asombrarme en cada nuevo retrato que descubro. La
leyenda real de su dolor intenso, se concentra en
estos pequeños cuadritos de una calidad
incomparable. Diego Rivera a lo bestia, descomunal,
una fuerza de la naturaleza; Frida Kahlo quieta en
su casa, desvertebrada y vuelta a vertebrar en cada
cuadrito, despacio, a golpe de paleta. Menuda
pareja. Menuda pintoraza. José Manuel Merello (Enero 2008) Haga clic en las miniaturas
para ampliarlas ( utilice las
flechas laterales para desplazarse por las
miniaturas.) FRIDA KAHLO.
Joaquín Sorolla
Sorolla. Fulgor y Teología del Blanco. José Manuel Merello
(2005) JOAQUÍN SOROLLA. (EL FULGOR DEL BLANCO.)
Giorgio Morandi Morandi es pintura sin más nada.
No hay literatura en sus cuadros, ni historias, ni
demostración de nada, ni dramas, ni distracciones,
ni detalles, ni florituras...no hay juegos, no hay
lucimiento alguno, tan solo pintura en estado puro,
virginal, como bajada del cielo. Sus cacharros y
vasijas, sus cuencos, botellas, platos y jarras se
arriman unos con otros como huérfanos asustados, en
un hondo sentimiento de desamparo. Morandi es un
asceta del bodegón, limpio y marmóreo, en la más
pura elegancia italiana. Pintura extremadamente
sencilla, frontal, sin perspectiva alguna, a pelo.
Pocas pinturas tan difíciles como la suya; rica y
jugosa, de color mantecoso, lácteo, con una
vibración morbosa en la pincelada y un dibujo básico
de una torpeza escalofriante; santidad, caridad y misericordia como nadie ha
conseguido plasmar jamás en un lienzo. Para mí, Giorgio
Morandi es el Zurbarán del siglo XX. José Manuel Merello (Diciembre 2007) Haga clic en las miniaturas
para ampliarlas ( utilice las
flechas laterales para desplazarse por las
miniaturas.) GIORGIO MORANDI José Gutiérrez Solana. Negro. Linaza y negro. Esto es José Gutiérrez Solana. Un profundo olor a huesos, a tuétano caliente de la España negra, a toro ciego. Solana, grandísimo pintor donde los haya, el mejor heredero de Goya y del primer Van Gogh, el más implacable, el más grueso y pastoso, el menos tibio. Sin violencia (no existe pintura española violenta), sin estridencias, sin un solo grito. Únicamente seriedad y severidad, un oscuro cante ilustrado de honda raíz de gitano serio y de lupanar espeso. Aceite, grasa, pintura de pintor de bata sucia y paleta corta de tierra adentro. Hay un cuadrito de Solana en el Museo Reina Sofía de Madrid que es una delicia, un prodigio de técnica y de color; pardos y grises, oscuros y limpios, impecables. Si te gusta la pintura por la pintura, el aceite por el aceite, el color severo y el dibujo bravo, entonces no dejes de estudiar a José Gutiérrez Solana. Toda la mejor pintura española, incluido Picasso, laten ya en Solana. José Manuel Merello (Marzo 2008)
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JOSÉ MANUEL MERELLO. PINTOR ESPAÑOL CONTEMPORÁNEO.
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“Yo
reivindico a los pintores humildes. La pintura no necesita tanto circo
ni tanta pretensión intelectual.. Ella debe brotar del alma
limpia del hombre, del ojo claro y puro del pintor, aunque sea para
pintar una simple manzana. Por eso me gusta tanto Morandi” |
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