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MERELLO

ESCRITOS SOBRE PINTORES: DIEGO VELÁZQUEZ, SOLANA, FRIDA KAHLO, MORANDI, SOROLLA...(CLIC AQUÍ)

Pensamientos de un pintor

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Octubre 2005

"Un buen dibujo no desmerece en nada a una buena pintura. Es más, bajo todo cuadro subyace necesariamente  un dibujo que lo sustenta, un esqueleto que lo arma y lo vertebra. Todos los cuadros que carecen de esta base se desmoronan y resultan flácidos. Una garantía de calidad en pintura es un buen dibujo. La cuestión fundamental es qué cosa entendemos por un buen dibujo...pero esto es otra historia"

"Todo el mundo se pregunta qué cosa es el arte. Yo pienso que el arte es toda aquella creación humana que consigue elevar el espíritu a un plano superior de emoción y sobrecogimiento."

"...ser pintor, escritor, escultor o músico no otorga ningún rango por encima de cualquier otra profesión. Existen, por supuesto, infinidad de dedicaciones y labores que llevadas al extremo de su perfección superan indudablemente a la mayoría de las obras de los que se dedican al arte. Un maravilloso artesano creador de mantones de Manila puede llegar más lejos que un mediocre escultor, su trabajo puede ser muy superior. O un gran futbolista puede provocar mayores pasiones que la mayoría de nosotros, los pintores. Ser "artista" no es un seguro de nada. Pero si nace un genio seguro que solo nace para las grandes artes además de para la ciencia, la filosofía o la política. No podemos comparar la Capilla Sixtina de Miguel Angel o la Ley de la Gravitación Universal de Newton  con el mejor de los goles del mundo. El Arte con mayúsculas es fácil de detectar; su luz continúa brillando a través del tiempo."

Noviembre 2005

"La pintura española mantiene a lo largo de los siglos una mirada serena y melancólica: trágica pero nunca violenta. No existe pintura española violenta. Ni aún el más fiero Goya ni el más horrorizado Picasso perdieron jamás la compostura y la clase con sus pinceles."

"La Historia del Arte es la historia emocional y espiritual del hombre. Es un recuento de sus sentimientos más sublimes materializados en creaciones que traspasan el tiempo. Altamira y Lascaux son ejemplos primitivos de este afán del hombre por expresar sus emociones. Yo no creo que haya ninguna época artística superior a otra en cuanto al impulso inicial de dejar constancia material de una emoción o un placer espiritual; en cambio si creo que hay etapas del arte que son superiores unas de otras a partir del momento en que el ser humano progresa en su técnica. Así como el progreso científico va en línea siempre ascendente, el progreso artístico, que necesita de la tecnología para poder avanzar, crece en una línea ascendente aunque discontinua porque depende de al menos dos parámetros para ello: la técnica y la emoción espiritual. El arte no es un sentimiento; el arte es su plasmación, la encarnación, el sentimiento esculpido, escrito, materializado,  mediante la habilidad técnica. El hombre primitivo no tenía más que unas mínimas herramientas para expresarse y por eso su arte es más básico que, por ejemplo, el Arte Barroco. El problema radica en que técnica y emoción no crecen siempre paralelas y quizás así, a veces, podamos encontrar etapas del arte que con una técnica inferior poseen un impulso emotivo y espiritual mucho más intenso y puro que otras, donde con más medios, el arte se debilita porque el alma del hombre está más enranciada, reprimida o manipulada.  Si el espíritu del hombre pasa por una época sublime y libre, y le acompaña una tecnología superior, entonces estaremos hablando sin ninguna duda de una Edad de Oro del Arte."

Enero 2006

"El Arte Moderno hoy, es un espacio de libertad y aire fresco impensables hasta ahora. Nunca antes en la Historia del Arte hubo tantas posibilidades técnicas para los Artistas ni tantos lenguajes artísticos para expresarse con plenitud. Al margen de exclusiones y favoritismos -que siempre los hubo-, las distintas escuelas y tendencias del Arte tienen un campo abierto frente a sí que auguran fabulosas creaciones en los años venideros..."

 "El Surrealismo, que en sus comienzos en el Siglo XX  nació como un movimiento artístico perfectamente delimitado, es ahora una tendencia perforada por el Expresionismo, la Figuración, la Abstracción y multitud de escuelas y movimientos que lo enriquecen sin dispersarlo y lo amplían sin anularlo. Yo pienso que las fronteras en Arte tienden a desaparecer. Aún es complejo reflexionar sobre ello porque estamos en el presente de este multimovimiento del Arte que camina hacia el Arte único. Pero cuidado con esto; nunca, por el contrario, un Arte único deberá ser una imposición, ni un movimiento absoluto. El Arte es libre por naturaleza y siempre se escurrirá, como el agua se escurre entre los dedos, de los presagios y de los horizontes que se le quieran marcar o imponer." 

Marzo 2006

"Yo no soy un pintor de vanguardia. Mi pintura es pintura contemporánea pero en el sentido estricto de las palabras: pintura de mi época. La vanguardia, en cambio, representa lo más novedoso -no necesariamente lo mejor ni lo peor-, es como la punta afilada de la lanza que abre nuevas sendas. Pero la punta necesita de toda la envergadura y potencia del peso de la lanza; el peso de la Historia del Arte. Sin ella no existe empuje que abra nuevos caminos. El arte de vanguardia es la frescura, lo nuevo, la sorpresa, la verdad y la mentira, la apuesta arriesgada y fascinante. Pero a mí lo que me inquieta es tirar de la tradición clásica y contemporánea, ahondar en lo andado y vigilar, como tantos pintores, que la vanguardia tenga un apoyo sólido...como el hermano mayor que sujeta asombrado al niño intrépido que con su maravillosa osadía se asoma sin miedo alguno a los abismos. Yo necesito observar la vanguardia porque ello me mantiene joven como artista, me depura y clarifica mi espíritu impidiendo que se me gangrene la mirada. Yo formo parte del cuerpo delantero de la lanza y desde mi lugar observo fascinado las punzadas jóvenes del arte y tras de mí tiro de la magna obra de los maestros de todos los tiempos, el legado portentoso que nos sustenta. Yo no formo parte de los  destellos -muchas veces fugaces- del filo de lanza. Cada uno tiene su papel y el mío, hoy por hoy, no está en la vanguardia."

Abril 2006

"La enfermedad visual de Domenico."

"Siempre se ha dicho que El Greco tenía una enfermedad en la vista y que por eso pintaba las figuras alargadas. Yo creo que esto es falso y ridículo. Es muy fácil deducir que si yo veo una manzana y tengo una enfermedad visual que me hace percibirla alargada, de la misma manera la proyectaría alargada en el cuadro y un espectador con la vista sana la "desproyectaría" a su vez y la percibiría en su tamaño real. Si no, si El Greco pintase, como dicen, la manzana más alargada, su visión enferma la alargaría aún más al verla en el cuadro ya terminada, y, suponiendo que no era precisamente tonto, trataría de corregirla con lo cual su manzana alargada volvería a ser normal para cualquier espectador, incluido él mismo.
De igual manera, si yo confundo los colores en mi paleta y veo el rojo verde y el verde rojo, y quiero pintar un prado verde con una amapola roja, como resulta que tengo la vista equivocada me parecerá de un esplendido rojo el prado y verde su amapola, de forma que iré a buscar en mi paleta ese rojo, y, nuevamente, por mi enfermedad, me equivocaré y me parecerá que la pintura verde es de un rojo espléndido para el prado y así, inevitablemente, el cuadro acabará teniendo los colores correctos para cualquier espectador de vista normal.
El Greco poseía una maravillosa creatividad adelantadísima en el tiempo y un sentimiento ascético muy marcado que lo llevó a pintar esas formas alargadas para potenciar un sentimiento espiritual ascendente en el espectador, como ocurre con las catedrales góticas. Todas sus composiciones (salvo algunas, y en su descargo) las pinta en cuadros alargados, y no me lo imagino encargando un lienzo y un bastidor de tal o cual tamaño y protestando al pobre tendero toledano que porqué narices son tan chatos últimamente los bastidores de dos metros. En fin, espero que en un futuro no se diga que Picasso tenía una enfermedad visual que le hacía ver un ojo por aquí y el otro por allá, pero no las tengo todas conmigo."

Junio 2006

"El dibujo no queda definido por la línea, ni la pintura queda definida por el color. La pintura todavía se salva, y esto es en parte lo que la define actualmente, de poder ser asimilada y comprendida a través de un monitor o una fotografía. En cambio el dibujo sí que es asimilable por estos medios; a mí, fetichismos aparte, me da igual tener un dibujo original de quien sea que una fotografía o un póster idéntico de él. Es la misma cosa y el dibujo se puede disfrutar idénticamente, al igual que pasa con leer un buen libro en una edición u otra, o ver la misma fotografía revelada por segunda o décima vez. Cuando no está en juego ni el fetichismo ni la plasticidad, todos estos soportes nos llevan a la grandeza -o miseria- de la obra. Pero en pintura siempre está en juego la plasticidad, lo plástico, lo mórbido, la opacidad o la transparencia, la superficie brillante o mate...cualidades estas imposibles de transmitir mediante un monitor de ordenador, un televisor, o un póster. Lo digital, lejos de arruinar las artes, lo que hace es evidenciar lo que de singular tienen estas, y la pintura se lleva la palma porque hoy por hoy es imposible disfrutar completamente de Las Meninas en una imagen, imposible sentir la poderosa sensación de vacío de la estancia donde pinta Velázquez, imposible percibir la cáscara nacarada de la capa pictórica del cuadro, inútil girarse y verla de lado para poder sentir las delicadas protuberancias y estrías de la pintura del genio. Y no digamos nada de cuadros de Tàpies, o de Lucian Freud, o de Jasper Johns...El color y la disposición de las formas nos pueden sugerir mucho, desdeluego, pero se quedan lejos, no bastan para expresar la plasticidad del cuadro. Esto es la Pintura."
De la misma manera y por todo esto, existe la pintura sin color y de solamente línea y plasticidad, y existe el dibujo con toda la saturación imaginable del color y sin líneas. ¿Es entonces peor en jerarquía el dibujo que la pintura? No. Yo pienso que nada es un estorbo y que todo son avances. El ordenador y los programas informáticos de pintura y dibujo son nuevos lápices y pinceles que añadir a los ya existentes para poder trabajar. Ayudan, son más material, más medios para el pintor. Pero ojo, mientras no se invente la plasticidad digital, o como se fuera a llamar, que se olviden de querer vender cuadros mediante fotografías y que se olviden de que queramos visitar un museo online. Podemos llevarnos una idea tan solo, una aproximación del asunto, pero el latido fetichista se queda en el museo junto con el pálpito de lo que es único y no admite copia."
A la pintura le ocurre algo similar que al teatro con el cine. El cine es un arte con mayúsculas, un nuevo formato conquistado por las musas para llevar el espíritu del ser humano hasta lo sublime; es tan fuerte e intenso como cualquiera de las grandes artes. Pero aún siendo así, lo que lo diferencia del teatro y de las artes escénicas (danza, mímica, toreo etc) es ese algo que precisamente define al teatro: Lo directo, la tridimensionalidad que envuelve al espectador en un momento único, en una actuación única, irrepetible, el olor preciso, el grito y la modulación exacta pero diferente en cada escenificación, la visión real del actor, el fetichismo de su presencia y de la presencia dramática del sentimiento del dramaturgo...todo es asombrosamente parecido a los huecos de una pintura, a su aparición diferente en cada instante, a su dependencia del tiempo siendo distinta según éste la va modelando con sus humedades, sus grietas, sus decoloraciones. El teatro está vivo y la pintura está viva.
Pero ¿significa esto que un cuadro es superior al arte fotográfico o a un póster de un buen dibujo? y, ¿es superior por lo mismo el teatro al cine? Yo pienso que quizás no lo sean, pero si el cine es capaz de llevarnos por caminos imposibles hasta ahora para el teatro, y un dibujo digital o una fotografía son capaces de juegos y expresiones que la pintura no puede, en cambio, el teatro y la pintura poseen ese embrujo de lo directo, del instante glorioso, como el embrujo del cantaor que te canta a ti y solo a ti. Y eso quizás no sea superior pero...¡qué lujo!

Julio 2006

"En pintura y en dibujo, técnicamente hablando, las cosas se pueden hacer mal si no se saben hacer bien, pero lo mal hecho debe estar perfectamente mal hecho. De esta manera el resultado será siempre bueno." (verano 2004)

Octubre 2006

Sorolla. Fulgor y Teología del Blanco.

Hoy día parece poco moderno hablar de Joaquín Sorolla, el gran pintor valenciano, pero yo siempre me he resistido a ver en él a un pintor anticuado, impresionista, luminista y poco más. Nada más lejos; Sorolla es uno de los grandes, un titán, un coloso de la pintura. Yo tal vez no lo equipararía a un Velázquez ni a un Picasso, que eso sería muy atrevido, pero sí que lo veo a la altura de un Cezanne o de un Manet. Bien es cierto que la obra del valenciano es muy desigual en cuanto a calidad y está pagando desde hace décadas por esta discontinuidad de tal manera que muy poca gente sabe rescatar de entre su pintura aquellos lienzos que lo catapultan hacia el Olimpo: los lienzos blancos de Sorolla. No sé si alguna vez se han llamado de esta manera, ni siquiera si es del todo exacto, pero yo lo siento así. Los críticos de su arte, los que le denigran y le condenan lo hacen sobre la base de un supuesto "colorido" fallero y de pastelería que en verdad no existe en su pintura. Toda la vida me la he pasado yendo a su casa museo, en la calle Martínez Campos de Madrid. He ido desde pequeño, una y otra vez, y siempre salía espoleado por el poderoso y abrumador dominio no solo del dibujo y de la factura, de la gracia y el talento, sino sobretodo por la categoría y la clase de su color y en concreto de las sutilísimas armonías de los blancos; maravillosas modulaciones imposibles de encontrar en casi ningún pintor. Sorolla no es colorista. Basta con acercarse a su museo para ver como el color desaparece y todo se asienta sobre unos pardos y grises delicadísimos que se encienden y se colorean de forma magistral por la presencia exacta y mítica del blanco. Cualquier pintor conoce la extrema dificultad del manejo de este color, un color que aprendemos que es la suma de todos los colores, un color que vuelve harinoso por mezcla a cualquier otro, un color incómodo, que no admite errores, que realza cualquier desacierto en el resto, un color que se ensucia a la mínima porque se mueve en una estrechísima franja tonal, que obliga a retirar del cuadro toda nota excesiva...¡Ah!, pero qué manejo y qué dominio el del español con este color terrible, qué brutal control. En él los blancos siempre son blancos y aquí radica la dificultad, el blanco es absolutamente blanco -aun sin serlo, porque efectivamente son grises- tanto en las sombras como en las luces más acusadas: siempre el blanco, el fulgor del blanco. No sé de pintor alguno que domine este arte de igual manera que él, el arte del blanco. Todos los impresionistas, todo el barroco, todo el fauvismo, todo el naturalismo que conozco nunca supo controlar estas modulaciones hasta el grado en que lo consiguió Sorolla. Si alguien quiere saber del blanco, si se quiere entender el funcionamiento de este color escurridizo, si tan solo quiere darse un pelotazo de blanco, entonces que vaya a ver a Sorolla. Pero hay más, los blancos de Sorolla son de una modernidad pasmosa, están secando con una riqueza y una costra en su capa que van a llevar en volandas la obra del maestro a lo más alto de la modernidad. Qué pena que nos quedemos observando solo su discurso del mar, su tan cacareado costumbrismo, la pesada conferencia que nos llevan imponiendo sobre su luminismo, su levantismo, su regionalismo. Sorolla está mucho más lejos que todo eso, a medida que avanzaba su carrera fue imponiendo mayores masas blancas en sus pinturas, quitando mar, quitando sol -es un decir-, y poniendo blanco. En el final de su vida pintó prodigiosos lienzos -que aparte de ser lecciones magistrales de dibujo, retrato, paisaje y técnica- son autenticas sinfonías casi abstractas de blancos y verdes, de blancos y malvas. Los cuadros de jardines que podemos ver en su casa son insuperables; aquí compiten los blancos de cal y sal, con los blancos nacarados refinadísimos de Velázquez y aquellos otros blancos contemporáneos, rupestres y de arpillera, del gran Manolo Millares.
No conozco el enorme cuadro "Cosiendo la vela" pero me atrevo a pensar que es el mayor homenaje que pintor alguno ha hecho sobre este color: una vasta extensión blanca que ocupa casi todo el cuadro, una enmarañada vela blanquísima desparramada de tal manera que aun sin verlo me atrevo a decir que es la teología del blanco.
Que nadie vaya buscando originalidad en Sorolla, ni tampoco conceptos atrevidos, ni innovaciones para la Historia del Arte. No, nada de esto encontrará. Tan solo verá el fulgor total del blanco.

Enero 2007

"Un pintor siempre es capaz de imaginar mucho más de lo que luego consigue crear. En sus sueños consigue ver increíbles pinturas, dibujos y colores que al despertar ya no son posibles. La realidad es mucho mas parca que lo que se alcanza a vislumbrar en sueños, mediante alucinógenos o en estados alterados de conciencia. Y siendo esto así, Díos mío, ¿en qué consistían los sueños de Velázquez?, ¿qué hay más allá? Es difícil imaginar nada más sublime, nada más perfecto. Quizás es que a él, a Velázquez, tocado como nadie por las musas, le dejaron ellas pintar la realidad desde el velado vapor de los sueños."

"Un pintor entre pintores: Velázquez. Un dibujante único: Picasso."

Febrero 2007

Ocurrencias,  Mitos y Leyendas  sobre Arte, Artistas y Creadores.

Ahí van algunas que me vienen a la cabeza:

1.- Se cuenta que Diego Velázquez era un dejado –un  flemático- y que el Rey tenía que llamarle la atención para que trabajara. Vaya por Dios, lo más probable es que fuese un trabajador tenaz, muy tenaz, pero que alguna vez tuviera algún episodio depresivo o un brote de hastío y cansancio de lo más natural ; vivir en la corte de Felipe IV y en la España del XVII debía ser agotador.

2.- Que en el color blanco más puro (porque el blanco es un color, desdeluego) solo intervienen los primarios, cyan, magenta y amarillo. Sí, pero solo cierto en un monitor o con luz proyectada, imposible con tintas o pigmentos. Una vez, ante un Van Gogh, un señor que lo miraba apretujado entre el público intentaba convencer a los demás de que el pegote blanco del cuadro no era tal, sino que era el producto de no sé qué mezcla -que hasta incluía el negro-  porque se lo había dicho a él un experto profesor de teoría del color. Cielo santo.

3.- Que Sorolla preparaba  minuciosamente sus cuadros con muchos bocetos y apuntes antes de llevarlos al lienzo. Lo dudo, lo haría alguna vez, pero casi siempre, me juego el cuello, iba directo y al grano. Ahí era nada el valenciano.

4.- Que el Greco tenía la visión “alargada”. Esta ley urbana, me temo, aún durará unos cuantos siglos más.

5.- Que Mozart no podía soportar oír alguna melodía inconclusa y que si sus hijos, cuando tocaban alguna la dejaban a medio terminar, él tenía que acudir rápidamente a darle un final…Bah, lo haría alguna vez, si acaso.

6.- Que Goya y Rembrandt y los clásicos con genio y carácter  –Beethoven en música, por ejemplo- pintaban y creaban con total libertad, debidos y entregados al pueblo, sin admitir interferencias ni imposiciones en su arte. Imposible, todo artista es hijo de su tiempo y pinta con la mente colectiva –libre o no- de su época.

7.- Que el arte pop requiere de más sopas campbells y de más marylines si quiere ser fiel a sus postulados. Chorradas, el hiperrealismo, por ejemplo, perfectamente podría ser parte del arte pop, hoy.

8.- Que a Newton se le ocurrió lo de la gravedad cuando le cayó una manzana en la cabeza. Este disparate implica no haberse calentado jamás la susodicha con ningún asunto y creer a pies juntillas que las ideas y las creaciones vienen porque sí.

9.- Que un creador debe ser un personaje especial, lleno de boutades, marginal e insoportable. Qué aburrimiento y qué pesadez de artista.

10.- Que un creador debe ser un personaje siempre fascinante, siempre creando, siempre, interesante, y que no caga nunca. Pues lo mismo, un auténtico calvario de artista.

11.- Que la pintura moderna queda mejor sin marco y que el marco es algo pasado de moda, un signo de un arte caduco y burgués. Mamarrachada de fácil y extendido uso que no se sostiene; un marco a un cuadro es como un traje a una bella mujer desnuda: no es imprescindible pero le puede sentar de cine. (Aunque hay marcos que son una bofetada y no estaría mal un poco de creatividad y frescura al respecto, que llevamos siglos con los mismos marcos y yo el primer pecador).

12.- Que un artista debe soportar y acatar las críticas y opiniones de los demás. Si, claro, pero no de cualquier ignorante.

13.- Que un artista no debe soportar ninguna crítica que coarte su libertad. La libertad no es el capricho mimado y consentido de lo que debe ser un artista. La libertad, en arte, implica asumir y reconducir todo tipo de visiones y teorías, incluidas las supuestamente opuestas. Puro eclecticismo necesario.

14.- Que el óleo es superior al acrílico y que la acuarela o el pastel son artes menores. Pues no, el medio es indiferente, lo que importa, faltaría más, es el resultado. Yo pocas veces he disfrutado tanto en pintura como ante las acuarelas de Turner.

15.- Que las pinturas con cristal no son bonitas. A mí el cristal me parece un material maravilloso, da esplendor y protege la obra.

16.- Que el verdadero artista no debe someterse a encargos ni prostituir su arte. Lamentable y eterno sermón que deja a los pobres sin posibilidad de coger un dinero que les permita sobrevivir mientras pintan otras cosas con más "arte".

17.- Que los artistas no duermen bien por las noches porque se lo impide su efervescente creatividad. Se pinta mejor descansado, y, además, un pintor que trabaja intensamente duerme como un niño.

18.- Que Van Gogh estaba loco y que por eso su arte es sublime. Doble error, el arte es independiente de la locura aunque muy bien puede pintar un loco (si trabaja). Y en su caso, Van Gogh sobretodo lo que tenía era un entusiasmo sublime, una pureza sin igual como artista, un equilibrio maravilloso en el color y en el ritmo de su pincelada. Y simplemente perdía los nervios, sí, pero siempre después de pintar; por cansancio, por hambre, por insolación, por la absenta, por no tener un puñetero duro nunca…y por la estupidez de sus contemporáneos; ¿es acaso esto locura? Y por cierto,  el suicidio no debería ser un estigma que implicase locura sino...desesperación.

19.- Que Picasso comenzaba a pintar sus lienzos desde abajo (Según Max Doerner). Bien, es posible que ese día empezase desde abajo porque, por ejemplo,…tenía lumbago.

20.- Que los cuadros hay que contemplarlos a distancia para poder así apreciarlos y entenderlos. No y no, a Velázquez, por ejemplo, solo se le comprende a un palmo de distancia.

21.- Que este o aquel retrato es maravilloso y fascinante porque te persigue con la mirada, te coloques como te coloques. Esta pamplina se viene abajo con tan solo dibujar un monigote con la condición de que mire al pintor mientras posa. De esta manera  el monigote de mirada insulsa también te perseguirá sin descanso. Uy, qué miedo.

22.- Que los artistas son unos bohemios y que la bohemia y la melenita y la barbita te hacen mayor artista. Bueno, quizá se consigan más becas y créditos, y se ligue más, eso sí.

23.- Que una pintura con dedicatoria tiene menos valor. ¿¿?? Sin comentarios.

24.- Que hay que dejar secar el cuadro durante un año al menos, antes de barnizarlo. Yo creo que esto ni Leonardo ni Rubens, por decir dos grandísimos técnicos, lo hicieron nunca. El barnizado, aunque muy conveniente muchas veces, no puede ser un dogma, ni siquiera técnico.

25.- Que los pintores que pintan con caballete, pinceles caros de marta kolinsky, paleta ovalada con contrapeso y salserillas son menos modernos y menos artistas que los de suelo, botes, colillas y brochas viejas. Venga ya, el resultado es, otra vez, lo único que cuenta.

26.-  Que hay que pintar del natural porque pintando de foto o usando otras ayudas como que se nota y no se presienten los pajaritos cantar ni la psicología del retratado. El resultado, el resultado, siempre el resultado es lo que cuenta. Aunque eso sí, para aprender es mejor pintar del natural por pura tensión y dificultad (lo cual enseña muchísimo) y porque se aprende a enfocar y desenfocar los distintos planos.

27.- Que los cuadros pequeños valen menos que los medianos y estos menos que los grandes. Osea, arte al peso. Esto, desgraciadamente, es un hecho, una imposición del mercado...pero solo hasta que se muere el artista y el tiempo consolida su obra. Entonces la valía de la pieza es exclusivamente en función de su arte, como siempre debía haber sido.

28.- Que esto, oiga, lo pinta mi niño. Pues...sí, desdeluego, por supuesto, faltaría más.

 

Y bueno, así, hasta el infinito y más allá…como Bushlightyear.
 

Sobre ciertas Galerías de Arte Moderno es España.

"Muchos museos y galerías de arte moderno de España, en el presente siglo 21, son espacios fríos, duros, metálicos y extremadamente minimalistas. Minimalismo mal entendido. Esta moda estética tan pedante e intelectual se verá ridícula con el paso de los años. El norte es el norte y el sur es el sur.
En España somos a veces tan torpes que construimos una arquitectura fría y dura, típica de los países del norte, completamente alejada del estilo mediterráneo, salvo algunas excepciones como el arquitecto valenciano Santiago Calatrava, y otros,  que son capaces de entender el arte moderno de una manera refrescante y pasional, llena de vida y de sol mediterráneo. Pero para muchos otros arquitectos españoles  actuales el estilo mediterráneo no parece suficientemente interesante, ni avanzado, y en España muchas galerías y museos de arte actuales dan hasta miedo de entrar en ellos, y los extranjeros nórdicos que los quieren visitar creen, sorprendidos, que han vuelto en un instante, como en un relámpago, a sus países del norte. Aunque ellos quieren ver y sentir la alegría y el color cuando visitan España y sus museos y galerías, en cambio no encuentran nada del calor mediterráneo ni del estilo acogedor español. Supongo que solamente es otra estúpida moda. Ser modernos no es ser serios, prepotentes y grises. ¿Podemos imaginar el efecto patético de una galería de arte minimalista de estilo nórdico en, por ejemplo, Guinea Ecuatorial? Estoy seguro de que algunos africanos se cagarían muy contentos dentro de ellas. Puro arte."

MARZO 2007.

El retrato en la calle o el mundo a un palmo de distancia.

"Yo soy un pintor de la calle. Todo lo que sé lo aprendí en la calle, gracias a la calle, contra viento y marea, pintando niños, mujeres, viejos y retrasados, gordas asmáticas y flacas estilosas, guapas y feas, pedantes y soberbios, intelectuales y catetos, de todo. Haciendo retratos y caricaturas de cualquiera que pasara, a un palmo de distancia de sus respiraciones y su piel: he dibujado rondas enteras de Síndromes de Down que alborotaban muy educadamente a mi alrededor sonriéndome saturados de entusiasmo y dicha porque los dibujara: cabreados y presumidos si no se gustaban. He pintado mujeres bellísimas, a dos palmos de sus ojos y de sus tetas, con derecho a mirarlas fijamente, como concentrado; algo maravilloso. He dibujado hombres de toda condición: a todos a pie de calle, sobre la misma silla y sin distingos, triunfadores o fracasados, serenos o amargados, avejentados, chulos, déspotas, pijos o tatuados hasta las orejas…He dibujado grupos de borrachos y borrachas que se me caían encima, muertos de la risa, well, well, you are our friend, can you draw her like a dog? He dibujado cientos de retratos contundentes, en quince  minutos o menos, y retratos cursis y relamidos, con destellos en los ojos y fusiones y difuminados imposibles pero que causaban furor y excitación a las señoras de peluquería y a sus secuaces. He dibujado a presión, como un autómata, sometido al agotador trabajo y a las exigencias e impertinencias de la gente; pero por todo eso y por más, sé lo que hay que hacer según quién y para quién y eso he hecho y aún hago, que en la calle hay que pintar sin remilgos y además yo lo que quiero es observar, ya que el resultado me es casi indiferente. Sé cuando las cosas están bien hechas porque también sé hacerlas mal, y es que puedo llegar a hacerlas realmente detestables, así como hacerlas refinadas, elegantes y de línea preciosa y precisa. Después de miles y miles de dibujos se acaba por aprender; aunque también he visto a muchos que no aprenden ni a palos. He visto dibujantes buenísimos y caraduras ganándose unas pesetas con el cuento al desesperado marido de que así la veo yo a su mujer.
La calle mantiene mi pulso firme, diestra mi mano y atentos mis ojos, y me da la libertad, me enseña cómo está el mundo a cada instante, de qué manera se renuevan las hechuras de la gente año tras año. La calle y la gente que pasea es para mí un altísimo porcentaje de mi inspiración, lo que me nutre y alimenta. El precio que pago por ello es alto, desdeluego, pero me compensa sobremanera y lo asumo como puedo. Todo el año pintando encerrado en el estudio no sería posible sin estas bocanadas, agotadoras, de aire fresco callejero y mundano.
Podría escribir páginas enteras sobre la gente y los pintores de la calle, sobre el mercadeo del arte a pie de cloaca, sobre las peleas y riñas de los vendedores de juguetes, vendedores de garrapiñadas, de feriantes de globos, de mimos y de aburridos músicos venga una y otra vez siempre la misma cantinela. Y también algunos sordomudos que reparten sus tarjetitas con el abecedario de gestos, y que vienen a contarme con sus aspavientos que no, que hoy nadie da un duro ya.
La infinita calle. Los infinitos personajes. La eterna gente de todas partes.
Y toda esta información está ahí, en algún lugar de mi cerebro, ocupando una bastísima región de miles y miles de personajes, cada uno diferente, cada quién según su historia y su mirada, su plante y su sonrisa, sus ojos huidizos, o altivos y desafiantes, sus bocas carnosas sobre una clavícula  frontera de un pecho turgente y palpitante; o sus labios finos y nerviosos, delatores a veces de una personalidad intolerante y otras de una represión emocional que les adelanta la quijada y les aprieta el labio (¿serán ambas personalidades la misma?). Y las enormes y variadísimas narices europeas, narices de siglos de batallas, de siglos de Ilustración y de siglos de todo.
La calle es una mina infinita para un pintor (y para un escritor tal vez lo sea vez más). Un trabajo duro, intenso, bajo la humedad más fuerte, las ráfagas de viento más enloquecidas, las nubes más amenazantes, el calor sofocante o el frío, el frío que asusta a las madres: dese usted prisa, por Dios, que la niña se pondrá mala: y los goterones de las lluvias de agosto que caen, que no caen, sobre la modelo, sobre el dibujo, arruinándolo entero.
Ya cada vez acudo mucho menos a pintar a la calle, ya no es como antes, ya no aguanto las horas y horas de dibujo intensivo, (mañana, tarde y noche), -aunque realmente es esta presión del exceso de trabajo lo que más me ha enseñado-, que no vale hacer dos dibujitos, ni cinco, que no sirve el término medio. O vas a destajo y con el aliento del ansioso público en tu nuca esperando exigente su turno, o no hay concentración, ni tensión, ni aprendizaje; ni rápida observación al vuelo para contrastar, en alerta constante y en pocos minutos, las ínfimas variaciones entre los distintos personajes y entre sus diferentes mundos. Al menos es así como yo he aprendido a observar: he aprendido bajo la intensa presión de la calle.
Ahora, el dinero que se gana allí es solo testimonial para tanta faena. Quizás sirva para pagar unas vacaciones para mis hijos fuera de la ciudad, o unas clases de inglés, que no mucho más, o para lo que venga bien, que siempre hay provecho, cuando no pura necesidad: los materiales de pintura para pintar durante el año, en su momento y durante años los pagaba con ese dinero, o también, y sobretodo, me servía para comprar mi libertad y pintar luego lo que me diera la gana, sin explicaciones a nadie.
Pero a pesar de todo, a pesar de que ya es poco lo que se gana, a pesar de que la presión de la gente y de la pintura a destajo ya no la tolero con la misma serenidad de antes, a pesar de todo, yo aún así sigo yendo, -no sé por cuánto tiempo ya-  mucho más relajado, muchas menos horas y muchos menos días, a observar de cerca, muy de cerca, las finas arrugas del mundo, los enjoyados escotes de las pechugas más poderosas de la tierra al sol de la tarde, los pircings más estrafalarios de comienzos de siglo, los lazos más rosas y nacarados de las niñas más irreales del universo, las barbas y bigotes de los señores más anticuados y de nuevo resucitados, la mezcla de razas y de condición, en fin, más rica de la tierra para un pintor.

Ah! la calle... Hoy, aunque jamás imaginé que lo haría, doy finalmente las gracias a la Escuela de Bellas Artes, que con su rechazo continuo durante cinco larguísimos años acabó  mandándome a la puta calle a luchar, a la rica calle y al mundo, que han sido, al cabo, mis guías y maestros. Gracias, señores académicos, por mostrarme el verdadero camino del aprendizaje."       
 JOSÉ MANUEL MERELLO

Octubre 2007

La Luz Negra de Amadeo.

Mi Maestro, Amadeo Roca Gisbert, no me enseñó nada de técnicas, ni métodos, ni truco alguno. Amadeo me enseñó otras cosas importantes; puedo contar dos que aún no he olvidado. Una vez, estando en su estudio-taller de Madrid donde me insistía para que fuera a diario allá por el año 1978-79 sin cobrarme ni un duro, me dijo: "José Manuel, si tu extrema facilidad no te pierde tú harás maravillas. Pero para eso antes debes aprender a olvidarte de todo cuando vengas aquí a mi casa a trabajar; piensa que entras en un templo y olvida tus problemas, déjalos fuera al cruzar esa puerta y trabaja, concentrado y sereno, como si estuvieras en un templo"...Un templo, el trabajo y el oficio de pintor es un trabajo duro, pero lo más duro para mí era conseguir ese estado de gracia, un estado zen, limpio y transparente, que canalizase toda mi capacidad en un punto único por el que las horas pasan líquidas y el conocimiento se te manifiesta generoso. No he podido olvidar esa recomendación, que define al arte en sí misma, de Amadeo.

Otro día, años después en una inauguración de una exposición mía en la calle Claudio Coello de Madrid, discutíamos Amadeo y yo sobre Velázquez, Sorolla, el arte moderno, la luz y otras cosas de pintor cuando le hablé de la poderosa luz de Jávea -donde yo vivía y me casé por entonces-, del fogonazo extraordinario que estaba comenzando a aclarar mi oscurísima paleta castellana, cuando Amadeo me paró en seco y me advirtió: "la luz de Jávea es muy intensa, no te lo discuto, pero cuando vayas a Ibiza aún podrás quedar más cegado por su luz que en Jávea, porque la luz de Ibiza, de tan pura y brutal es negra, no lo olvides."

Amadeo era natural de Ibiza y obviamente exageró, pero aquel comentario contradictorio sobre la luz negra de su isla, me dejó perplejo y maravillado. ¡Cuánta enseñanza implícita había en esos quiebros de Amadeo!

"La luz negra de Ibiza"...menuda bofetada de un Maestro ya muy viejo a su alumno. Una bofetada de luz para un pintor.

Aún me duele, Amadeo.

JOSÉ MANUEL MERELLO

NOVIEMBRE 2007

La Nueva Cocina como Arte.

"Yo lo veo muy claro. Clarísimo. El Arte, con mayúsculas, es lo sublime mediante la técnica del hombre. Nada más. El Arte, para que así sea, implica silencio -un silencio latente en el caso de la Música-, y emoción. Se trata de sobrecoger al espectador hasta el punto de hacerle llorar con aquello: un llanto interno, callado, una corriente de intensa emoción que le recorra la sangre y la piel y le haga peligrar su semblante soberbio.
A mí me parece maravillosa la palabra artesanía. Mediante ella se clarifica todo este embrollo, o casi todo. ¿Porqué no aplicarla más a menudo para identificar muchas labores humanas sin más pretensiones? A mí me parece dignísima palabra, con un significado certero y humilde que da grandeza a tantísimas creaciones y oficios del hombre. Pero parece que no, parece que no es suficiente esta sencilla y perfecta palabra para muchos que quieren, ridícula y estúpidamente, subir de categoría a su oficio. Es una simple cuestión de vanidad, soberbia y falta de humildad. La única limitación que le veo a la palabra artesanía es que cierra el paso a toda evolución del oficio. Y hay oficios que aún estando en su edad de piedra encierran en sí mismos el germen de lo que quizá pueda llegar a ser algún día Arte; pienso en la Alta Costura y pienso en la Alta Cocina, por ejemplo.
Y siendo así, entonces, ¿qué ocurre con las creaciones del hombre que aspiran al rango de Arte? Pongamos por caso la Nueva Cocina, que acaba de hacer acto de presencia en Bienales y cotos exclusivos hasta hoy para el Arte y que se pretende introducir ya en museos. ¿Es Arte la Cocina? Pues está tan claro y transparente como el agua que no lo es. No es Arte la Cocina. Pero cuidado, esto es así hoy, en esta época. La Cocina está en un estadio muy primitivo de la "Arteidad" (perdón por el palabro), nivel tan primitivo que no es ni por asomo Arte. Lo podríamos comparar con Altamira o menos aún (el arte primitivo todavía no era Arte en su máximo nivel, por más que muchos se empeñen). La Cocina sería, hoy, como los primeros trazos para la Pintura del hombre primitivo en la arena o en las paredes de las cuevas. O los garabatos de un niño. Nada más. Y que nadie se ofenda por esto, ya que la mayoría de los pintores, músicos o escritores tampoco hacen Arte e incluso están en un nivel evolutivo de creación inferior al de muchos cocineros o deportistas.
Pero hay que ser cautos y tener elasticidad mental (creatividad al fin y al cabo) y otorgarle el beneficio de la duda a la Cocina...del futuro. Y la cosa es tan simple como seguir el viaje común a todos los sentidos humanos, su evolución natural desde su estadio más primitivo hasta el alba del Arte. Podría ser más o menos así: supervivencia, sexo y guerra, pasión, diversión y entretenimiento, emoción, y finalmente el sobrecogimiento y lo sublime.
La Cocina (y el Deporte, y la Alta Costura, y los vinos, y tantos otros aspirantes a ser denominados Arte) estarían en el estadio evolutivo de la pasión o de la diversión, que no es poco ni despreciable, nada más lejos; un estado estomacal, sexual, sanguíneo, de pelea o fraternidad, cachondeo y quitapenas. Nivel delicioso y maravilloso sin duda, pero muy lejos aún de los estadios más avanzados para el espíritu humano: la emoción, el sobrecogimiento y lo sublime mediante la técnica más compleja. Y para llegar hasta ahí  la cosa va para largo, tal vez décadas, quizás siglos aún, pero no me cabe duda de que se llegará. Llegarán a ser Arte. Arte en silencio.
Así que no hay más que hablar. El tema para mí está zanjado. Disfrutemos como enanos y reyes de la maravillosa Cocina actual o de siempre, que se premie con los más prestigiosos galardones  a los mejores cocineros y deportistas, que se escriban suntuosos libros sobre su labor y su historia, y cojamos un etílico punto que nos transporte a un lugar dicharachero y placentero con el mejor de los vinos mientras nos entregamos a los placeres de la carne mediante el Kamasutra si se quiere (o se puede)...pero por favor, abstengámonos de llamarlo Arte. De momento."           

Jose Manuel Merello (Noviembre 2007)

FEBRERO 2008

SURREALISMO Y EFECTO DALÌ-MAGRITTE.

¿Que mi pintura no es surrealista? Desde el momento en que un jarrón no se posa sobre una mesa sino que gravita, o que el sombrero que le coloco a una mujer es un sol en el ocaso, estoy haciendo surrealismo. Mejor o peor, pero surrealismo. Qué aburrimiento y qué monserga con que la pintura surrealista tiene que ser chiclosa, lamiosa, con degradados siempre blandos y trucos de prestidigitador que esconde culos en manzanas o atraviesa a sus mujeres con vaporosos velos de sirena y destellos nucleares de planetas sinfónicos. No, el peso de Salvador Dalì y de René Magritte, entre otros, es demasiado poderoso entre muchos pintores lacios que no supieron ni saben entenderlos y que abusan de su legado distorsionándolo y debilitándolo, convirtiendo una forma de hacer surrealismo en obligada técnica. A veces soy surrealista, pero también soy expresionista, y me apunto al popart si se me tercia en alguna esquina del cuadro. Puedo pintar un cuadro surrealista sin por ello abandonar mi técnica ni mi factura expresionista, o puedo ser pop con colores ásperos y sin repeticiones manidas de marylines y meninas velazqueñas de medio pelo: hago lo que me da la gana. Hoy la pintura es un poderoso legado heredado de siglos, libre y abierto, y de él cada pintor coge  cuanto gusta y necesita. Sin fundamentalismos técnicos.
Abajo las dictaduras de lo planetario y lo fantástico, de lo monstruoso, lo minimal radical, del popart siempre sopero y fosforito, y abajo el hiperrealismo de eterna vía de tren y el impresionismo de toque suelto por narices. Menos mal que de cuando en cuando aparece un pintor de la talla de Edward Hopper, por ejemplo, y limpia toda la pintura y su técnica de tanta mediocridad y pretensiones, hasta dejarla desnuda y cristalina, en su más pura esencia y actualidad, al más puro estilo Alfred Hitchcock. Y libre.

MARZO 2008

El horror...la agonía de un perro en una galería de arte.

Guillermo Habacuc Vargas, Bienarte, Maltratador de Animales.
(ver video)

"Yo no sé si el perro sobrevive o lo dejaron morir lentamente de hambre y sed, como dicen, atado a una minima cuerda cerca de la pared en una sala de arte, ante la indolencia del público que miraba la terrible agonía. A mí me da lo mismo si esta mierda es arte o no lo es -que el arte no entiende de moral-, pero aunque lo fuese, aunque fuese arte, hay que impedir semejante atrocidad y vergüenza. Yo nunca firmo en prácticamente nada, ni contesto ni reenvío correos lacrimógenos ni cadenas de favores a supuestas vírgenes y santos, cadenas que te amenazan con el infortunio si no contestas etc.; no contribuyo al spam generalizado pero en este caso y en esta web he firmado para impedir que se repita esta locura nuevamente y pido desde aquí que firméis para sumar fuerzas. Y que no me vengan con el cuento de que no nos moviliza el sufrimiento de seres humanos en guerras y hambrunas y sí el de un perro. La diferencia es que aquí esta salvajada se hace en nombre del arte o como arte, o como reclamo -mediante el arte y sus provocaciones- para salvar animales, o como táctica perversa contra el maltrato animal..., lo que sea. Es tan denigrante que no tiene justificación. Hay que impedirlo. (Aunque creo que ya es tarde otra vez...ya tienen permiso para repetirlo nuevamente). Entra y firma, que antes que el arte están las lágrimas."
 

                   JOSÉ MANUEL MERELLO

"Los caballos y los niños. Las mujeres gordas, las mujeres hermosas y las señoras antiguas. Los magos y los poetas. Los perros y los gatos dormidos. Los toros y los toreros españoles. Las procesiones de Sevilla y de Málaga. Los cristos crucificados, llenos de sangre y plegarias. Y los santos. Una Virgen para cada pueblo. El sol y la lluvia del Cantábrico. El mar, la pasión, el amor y el arte del Mediterráneo. La pintura y la arquitectura más antigua. Y la más moderna. Los bailes y danzas de los pueblos perdidos. La literatura castellana extendida por el mundo entero. Rojo intenso, púrpura, negro y aceituna. El equilibrio entre el sol, la luna y las estrellas: esto es el arte español."

MAYO 2008

FERRAN ADRIÀ, EL GENIO ENTRE FOGONES.

"Si algún día la cocina llega a ser un arte, no deberá nada a quienes solo ponen piedras en el camino de aquellos otros que intentan sacarla del  estado estomacal y primario –delicioso por supuesto- en el que se encuentra actualmente. Ferran Adrià, con su genio arrollador, su atrevimiento y su técnica poderosa y moderna  merece -ya nadie lo discute- un lugar en la historia aunque solo sea por haber roto, con la osadía propia del genio, el muro reaccionario de la ignorancia que contenía, y aun contiene, a aquellos que solo admiten como válida a la cocina de siempre con argumentos inquisitoriales que recuerdan a los que se utilizan cada vez que la pintura o la música, o cualquiera de las artes, dan un salto evolutivo. El camino para que algo llegue a ser un arte es un camino de siglos o milenios, necesitado de personalidades atrevidas, humildes y geniales que sepan dirigir el asunto con ideas, materiales y conceptos  radicalmente nuevos –aunque apoyados siempre en lo mejor de la tradición, porque en arte  ésta es la estructura donde se forja y sustenta el conocimiento-. Y en cocina, que anda por  su época de Altamira, o poco más, esto me parece una empresa solo destinada a un verdadero genio.

A mí Adrià me entusiasma, me impacta su presencia cuando lo veo en la televisión, su sencillez, su mirada limpia, fresca y atenta, su afabilidad; muy lejos de mucha de la pedantería que le rodea. Parece poseer esa chispa, esas maneras atropelladas y quebradas del que se sabe dueño de una idea nueva que le quema y le urge en su mente. Es el atropello del que no tiene tiempo ni para defenderse ni para explicarse, sino solo para afrontar un trabajo abrumador. Él es el señalado, el elegido para lo más difícil: abrir las pesadas puertas de las musas a lo que hasta hoy es solo un oficio y quizá mañana, después de un largo camino, pueda ser un arte.

Así que si por un nuevo milagro de la creatividad humana, la brecha abierta por Ferran Adrià logra avanzar en la senda de lo sublime, entonces podremos volver a escribir la historia de siempre, la triste historia de cómo los ignorantes, con la pesada losa de su miedo y su torpeza, intentaron evitar que el genio humano avanzara en el logro de lo más elevado para el espíritu del hombre; la emoción sublime y perdurable. El arte.

(Pero yo estoy tranquilo porque el arte, si ha de serlo, siempre se abre camino. Es solo una cuestión de tiempo...y de talento. Bravo, Adrià.)"

                                                                                                                                             José Manuel Merello (Mayo 2008)

OCTUBRE 2008

LA VIDA SECRETA DE LA PINTURA.

La pintura es un estado mental, "un estado del alma" decía Joaquín Sorolla. El pintor que hace de su trabajo un estilo de vida pinta todo el día, todos los días. Pinta hasta cuando no pinta. Cuando duerme pinta, cuando vela pinta. El regalo de ser pintor lleva escondido el veneno y la carga dulce de la total dedicación y entrega. Pintar es difícil y requiere la atención absoluta de la mente y la mano en la observación fría, callada y constante. Hay que poder retener cantidades enormes de combinaciones de color, espacios y líneas. Es imprescindible dotarse de innumerables recursos técnicos, de precisos conocimientos de los materiales y mantenerlo todo ello vivo y actualizado para poder utilizarlo en el instante más inesperado. Pero aún en el caso de tener todo esto bien engrasado y al día, aún así se corre el enorme riesgo de no saber parar a tiempo. El momento más crítico  para un pintor es decidir cuándo ha llegado el momento de dar por terminado un cuadro.

En pintura es más fácil pecar por  exceso que por  defecto. Y por eso no encuentro nada más fascinante que el trabajo callado, silencioso y quieto que supone quedar a la espera de que el cuadro te hable, que termine de pintarse a sí mismo. Este delicado instante puede sobrevenir en el lugar más inesperado y a la hora más impropia y exige estar alerta y saber cazarlo al vuelo. Yo desde siempre tengo la costumbre de pasar muchas horas pintando sin pintar, tan solo mirando mis cuadros, colocados por todas partes, o incluso recordándolos, viviéndolos, mientras paseo por la calle o en cualquier otro lugar y circunstancia: intento atenderlos y escucharlos con la mente fresca, como si no fueran míos sino la obra de un enemigo, con frialdad y hasta con desprecio muchas veces, y, milagrosamente, de este distanciamiento brota la vida propia y secreta de la pintura que decide por su cuenta que ya lo es y que se basta para explicarse. Cuando me abruma un cuadro y el dialogo con su mundo se convierte en batalla entonces lo dejo aislado, apartado en un rincón y al cabo del tiempo -días, meses, o incluso años-,  cuando al fin lo rescato, compruebo emocionado como a veces el castigo se convierte en perdón y cómo de éste sobreviene el descubrimiento asombroso de la obra que ha sabido terminarse a sí misma en soledad. En ese instante, rendido, admites que el cuadro ya no te pertenece. Esta es parte de la magia del arte de la pintura.

Quizás esto sea la inspiración. La luz que se esconde tras un proceso mental, una ecuación no escrita de cientos de parámetros que muchas veces se resuelve a sí misma en espera, quién sabe, de que un día la ciencia consiga atrapar el ADN que late bajo la magia del arte.

José Manuel Merello. – Valencia 2008

NOVIEMBRE 2009

NATURALEZA VIVA.

Para un pintor como yo, obsesionado con la composición y la estructura de mis cuadros, todo en pintura funciona como en un bodegón. El autentico reto compositivo de todo cuadro es que “trabaje” en todos sus elementos; que cada una de sus piezas engrane con precisión y “respire” con sus adyacentes e incluso forme complejas conexiones con zonas alejadas del cuadro, como intrincadas redes neuronales en sinapsis continua. Esta interconexión oculta consigue que pinturas aparentemente mal realizadas tengan un misterio que nos sublima, un ritmo extraño que no sabemos de donde procede pero que nos avisa de que hay arte latiendo en sus torpes o “feas” costuras. Muchos de estos cuadros de mala factura, feos, están admirablemente coordinados por dentro, y los cortemos por donde los cortemos se siguen salvando como pintura autoregenerándose como la cola amputada de un lagarto. Por eso yo soy un apasionado de casi todas las corrientes artísticas y de igual manera no distingo entre temas ni entre géneros en pintura. Todos funcionan igual. Todos son al fin y al cabo un bodegón, una naturaleza viva -nunca muerta- donde disponemos los elementos hasta formar un espacio dinámico que el espectador activa y hace respirar con sus ojos mediante la observación sensible. Un paisaje es un bodegón; el sol, las nubes y los anchos campos se reparten y se alimentan entre sí como lo hacen un cuenco con los frutos que contiene y la mesa que lo sustenta. Incluso un retrato, si es bueno, se rige por estos contrapesos ocultos que le dan la vida. Hasta Las Meninas de Velázquez sería como un extraordinario bodegón -etéreo y liviano en su cielo, denso y pesado en su humanidad- con espacios profundos y riquísimos que hablan entre sí siguiendo las leyes compositivas del género del bodegón. Un tajo al azar en el cielo de Las Meninas contiene todo su arte, mantiene el nervio y la cadencia del genio, su inigualable hacer, su aire atrapado; una sola hebra de cabello transparente de la infanta Margarita ya vale un mundo, un mundo que habla en perfecta sincronía plástica con, por ejemplo, el denso y untuoso pelaje del gran danés sentado del cuadro. Aquí cada parte contiene al todo, y, como en los escapularios y reliquias de los santos, de un minúsculo trozo emana toda la gracia, toda su capacidad milagrosa.

Una señal inequívoca de fallo en una pintura es el abotargamiento sofocante entre sus partes. Si no hay respiración entre sus fragmentos nunca podrá funcionar ni hacer que el ojo viaje entre las diferentes historias y tramas que esconde. La parálisis y el cansancio del ojo es la muerte de toda pintura. Yo, cuando pinto, sabiendo todo esto, dispongo siempre mis objetos y mis asuntos como en un bodegón, trabajando en un todo pero con el mimo y el tiento de cuidar de lo pequeño, del rasgo imperceptible, de la pequeña grieta viva que desvía el camino de la gota delicada que resbala, como una lágrima, dibujando con precisión la orografía de la capa pictórica. Y lo hago así porque sé que de estos pequeños mundos depende que se active alguna emoción plástica en el espectador y el cuadro empiece a funcionar, a partir de ahí, en toda su maquinaria. Nada más puede desear toda pintura para existir: solo el ser activada e iniciada mediante la fluida y atenta observación de un espectador sin prejuicios. El resto, gracias al milagro del arte, funcionará por sí solo.

                                                    José Manuel Merello.- Valencia 2009

FEBRERO 2011

Huracanes, calle, presión y dibujo trivial consciente. El Gran Secreto.

  "El Gran Secreto...Si no fuese por todo lo que he dibujado al aire libre, en los parques, calles y playas, cara a cara frente al mundo, hubiese sido imposible adquirir toda la iconografía  y toda la información de la que dispongo para poder luego pintar. Cuando trabajo en la soledad del estudio, mis cuadros, desbordantes de color, acudo a la memoria de lo visto y dibujado en carne viva. No basta con salir fuera y mirar, -que también es fundamental- sino que hay que salir y dibujar. Es decir, trabajar la mano, el ojo y la mente con el lápiz y los colores allí mismo, inmerso en el mundo de lo real, atento y vigilante. En ese estado, rodeado de gente culta e ignorante, de ricos y pobres, de aduladores, avasalladores e impertinentes; envuelto entre niños  y abuelos, entre mujeres bellísimas y otras que no lo son tanto; rodeado de perros y gatos, de nubes, estrellas  y crepúsculos, árboles, flores, mar y vida abundante, uno se encuentra presionado y exigido de manera que la mente entra en estado de máxima alerta y concentración entrenándose de la manera más  eficaz posible, para luego servirse de ella, generosa, en el estudio. No solo de los recuerdos me sirvo, no, sobretodo de ese estado de atención plena (mindfulness) que te devuelve información grabada a fuego. La tranquilidad del estudio debe ser el último paso. Nunca el primero. Manipulando  una frase de García Lorca aquí se puede decir, en cierto modo, "que lo primero es ser hombre y lo segundo poeta". También Picasso dijo en una ocasión que "con los pintores habría que hacer como con los jilgueros, que les sacan los ojos para que canten mejor". Es una boutade salvaje, obviamente, pero con un profundo significado sobre la pereza y el conformismo creativo sin pasar primero por el látigo del dibujo y la observación bajo presión. En el mundo cómodo y dormido que vivimos en occidente a veces es obligado provocarse este látigo limpio (no se trata de masoquismo alguno), como hizo Turner al obligarse a vivir la furia de una  tormenta en el mar atado al mástil de un navío y poder luego pintar, con pleno derecho y máximo conocimiento, sus famosos cuadros de tormentas y huracanes.
  Provocar estas situaciones es una gimnasia necesaria para la mente de un pintor. En un documental sobre la película "Chico y Rita" de Trueba y Mariscal, me llamó la atención un dato que quizá pasara desapercibido para muchos. En un momento dado Fernando Trueba muestra los dibujos hechos del natural por el gran Javier Mariscal en La Habana y Nueva York años atrás. Fue solo un segundo y puedo estar muy equivocado, siendo la actitud y la finalidad de Mariscal con estos dibujos otra muy diferente (lo considero un gran artista, vaya por delante). Pero algunos de estos trabajos -los que me llamaron poderosamente la atención- me parecieron dibujos sin valor aparente, dibujos de alumno primerizo de arquitectura, descriptivos, torpes, sin la gracia y el arte de Mariscal -que dibuja como quiere-. Lo extraordinario, pienso, y lo que los hace tan interesantes es que estos dibujos son fruto de la asimilación de lo que el pintor está viendo: Mariscal está grabando información en su mente, no está pretendiendo hacer arte. Está, lisa y llanamente, trabajando bajo las bombas. Necesita "dibujarse" el objeto, edificio, persona, allí donde está para apoderarse de él. Con esa información, con ese músculo de lo visto y aprehendido en sus detalles puede posteriormente revivir La Habana y Nueva York en el estudio y manipularla distorsionándola a su antojo, pero solo porque su mano la conoce in situ y su ojo la ha vivido entre los alientos, calores, fríos, gritos e impertinencias, susurros, cambios de luz, de lo directo. De lo vivo. Y así es, ha vivido la cosa y el entorno de la cosa inmerso en ellas y con el lápiz. No importa la obra, es solo dibujar para "tomar nota", tomar conciencia plena, olvidándose de todo resultado. Inteligente pintor que sabe que hasta lo más conceptual y moderno tiene que ser primero despellejado allí donde se encuentre. Avasallado, destripado y asumido en su realidad. Tomado posesión de ello mediante el dibujo trivial consciente.
  Por todo esto y por mucho mucho más yo siempre he necesitado dibujar personajes y paisajes en los lugares más llenos de vida. Aunque solo sea para ver y observar bajo presión, atento al asunto pero indiferente al resultado. Si se está plenamente atento se aprende más de lo malo que de lo bien hecho, se aprende más de los errores que de los aciertos. Esto solo es posible dibujando libre y de incógnito por el mundo. Es obvio que cada día me cuesta más, que algún día no podré permitírmelo porque dibujar niños, mujeres y personajes de todo tipo y condición, bajo una presión semejante, me provoca una ansiedad que ya no domino. Pero no importará. Ya soy orgulloso poseedor de mucho músculo acumulado, muchos gigas de información almacenada, atado al mástil, como Turner...mucho dibujo bueno, malo y trivial que se grabaron a fuego lento durante años otorgándome un equipaje mental que no tiene precio."
                                                                                     José Manuel Merello

OCTUBRE 2011

Van Gogh, Leonardo da Vinci, Mozart y Marylin. Coincidencias.

Más tonterías. Ahora le toca a Van Gogh. Acaba de salir un nuevo libro que especula sobre sus últimos días de vida; sobre si se suicidó o lo mataron por accidente. No he leído el libro pero sí algunas citas como aquella en la que le preguntan a Vincent, que se desangraba en su lecho, si se había querido suicidar y contestó “creo que sí”. Ea, ya está, esto significa que hay libro que escribir porque semejante respuesta pudiera indicar que no fue él quien apretó el gatillo pero que le suicidaron al fin.

Esta sandez y otras que cita el libro justifica sin vergüenza alguna plantear una intriga nueva que seguramente dará mucho dinero, -porque luego irá al cine, y si no al tiempo-. No importa enredar y hurgar lo que haga falta, sin el menor respeto, en la vida de un ser que lo dio todo a cambio de nada. Es repugnante este gusto por lo que pudo ser a costa de cualquier bobada y tirando de leyenda para acabar construyendo un jeroglífico que pueda dar morbo y pasta por mucho tiempo. Me parece una falta de respeto indignante hacia el genio generoso.

Es lo mismito que con La Monalisa de Leonardo. Venga, a ver qué inventamos ahora o qué podemos descubrir bajo la manida, pesada y nada enigmática sonrisa de la Donna. Oye, mira, creo que este pelo de su cabello tiene forma de cruz de alguna secta rara y esta unión de puntos que creo ver es la pista de un secreto poderoso que implica que Leonardo conocía ya la existencia de los neutrinos. Y así sin parar, una tontería tras otra, da igual que La Gioconda sea un cuadro mediocre (más allá del empleo del “sfumato” como innovación), mediocre, que sí, que en su contexto histórico y demás puede tener su cosa pero que plásticamente no llega muy lejos. No importa. Ya han conseguido que se convierta en un icono a base de chácharas y patrañas, y entonces, a partir de ahí, empieza a tener su interés, completamente al margen de su calidad verdadera. Como la imagen de Marylin en el pop art. Nada más. Pobre Marylin, cuanta gente sigue lucrándose con su imagen y su muerte. Estoy convencido de que a Da Vinci todo esto le daría, sobretodo, pena. Mucha pena.

Y si no Mozart. Él y su muerte. Salieri y Mozart enredados en una maraña que ensucia para siempre la imagen del gran hombre dejándolo por los suelos como a un payaso retrasado en la por otra parte extraordinaria  película de Milos Forman, “Amadeus”. Es siempre igual: intrigar o hacer arte a costa de lo que sea. Caiga quien caiga. Siempre digo que el arte no entiende de moral pero eso no nos da derecho a crucificar perros y tampoco a que hagamos intrigas y cábalas sobre seres humanos que solo hicieron que engrandecer nuestro espíritu dejándose la vida en ello.

Me entristece mucho que no paren de remover las orejas, los huesos, la miseria y la intimidad de estos mártires del arte.

Que los dejen en paz.                                 “José Manuel Merello”

 

SEPTIEMBRE 2012

PINTURA CÓMODA, FÁCIL Y OPORTUNISTA.  PINTURA MALA.
 

Para los que no saben leer, o sacan los cosas de contexto, vaya por delante que pienso que cada cual es muy libre de pintar y exponer lo que le venga en gana. Pintores y galerías. Con lo que escribo a continuación solamente quiero dejar constancia de mi tristeza ante la invasión de pintura fácil y de ese nuevo decorativismo cómodo y enmascarado de modernidad que está convirtiendo el mundo del arte en parques temáticos donde la calidad y autenticidad brillan por su ausencia.:

-No me gustan los pintores de Marylines ni de Meninas. Ni de Obamas ni de Budas. No hay ni uno que pinte medianamente bien. Si veo una Menina actual o una Marylin tiemblo, porque sé, sin atisbo de duda, que su autor es torpe y lo que es peor; o no se ha dado cuenta de su torpeza o es un oportunista.

-Aborrezco tanto cuadro de Nueva York, triste, de oscuros grises y marrónes bituminosos. Nuevayores que se clonan y se reproducen con una especie de "antoniolopismo" mal entendido que da pena (cuando Antonio López pintó su "Gran Vía" Madrid era tal como su talento la describió: un Madrid gris, contaminado y de color ceniza. Actualmente la ciudad ya no es así y el pintor, fiel a sí mismo y de ojo certero, la pinta como es ahora; basta con observar su cuadro "Madrid desde Vallecas", perfecto reflejo del estado real de la urbe: sin concesiones, con sus adosados pulcros y su burbuja inmobiliaria retratadas para siempre). Qué distinto compromiso que el de aquellos oportunistas que se empecinan en seguir viéndolo todo nublado, deprimido, con un Nueva York amargado y bajo el yugo del gris opresor. Es el sorollismo actual, como aquel que se cargó a Sorolla y lo condenó a pintor fallero gracias a la tropelía de pintores, malos a rabiar,  que lo interpretaron y edulcoraron hasta convertir su poderoso legado en zumo de naranja batido en almíbar.

-Detesto a los pintores sin recursos y débiles de factura que recurren al collage, lánguido y manido -y a la tipografía y los transfers-, para tapar sus vergüenzas y sus carencias. El collage, maravilloso descubrimiento técnico donde los haya, debe ser breve, transversal y sucio; surgido de la entraña orgánica de la pintura cuando ésta lo exige. Y no un simple añadido decorativo.

-No me gustan los coloristas, intensos porque sí, que no entienden que el color, por fuerte que sea, es como una bestia a la hay que saber templar y coordinar con especial cuidado para que tenga gracia, elegancia y categoría. El buen color, aun el más fuerte y contrastado, es manso en su bravura y no molesta al ojo.

-Igualmente abomino de los coloristas amables, empalagados de celestes, rosas, azules bebé y grises  pastelosos que no quieren molestar a nadie sino tan solo encajar bien sobre el eterno sofá del pobre cliente que nada entiende. Eso sí, con algo de collage suavito y algunas letras de diario para darle un toque moderno. Y todo a cuatro duros.

-Me hacen llorar los cuadros construidos a base de fotografías gigantes -vintage a ser posible-, cuatro bandas de color, unos manuscritos viejos pegados, y, cómo no, unas letras o un texto enormes que apañen el conjunto.

 Ay, me temo que el mercadeo a bajo precio y el estilo del tipo "cuadro oportuno, barato, moderno y decorativo, para hotel o sofá de salón", de las grandes multinacionales del mueble asequible, se está instalando sin remedio en muchas galerías de arte.

¿Será ésta la definitiva muerte de la pintura?

 

"José Manuel Merello" Valencia 2012

 

                                                                      

ESCRITOS SOBRE PINTORES: DIEGO VELÁZQUEZ, SOLANA, FRIDA KAHLO, MORANDI, SOROLLA...

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20 MINUTOS DE VIDEO CON PINTURAS DE JOSÉ MANUEL MERELLO Y MÚSICA DE GUITARRA ESPAÑOLA.

         
 

La Natural Condición. (130x81 cm)

 

El Sastre de Van Gogh (92x73 cm)

 

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